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Publicado el jun 14, 2017 en Relaciones | 0 comentarios

El reencuentro de pareja

reencuentro de pareja

Las viejas generaciones recordarán los versos del cantante Raphael como un estandarte para esos amores que se van pero para los que la vida nos ha permitido un regreso: “Me alegro mucho de volver a verte/ tú sabes que no he sido rencoroso/ perdóname si ves que estoy nervioso/ no te esperaba así de repente”. La canción lleva por título “¿Qué tal te va sin mí?” y puede -lo ha sido- convertirse en la bandera para el reencuentro de pareja que muchas veces tememos sin saber por qué. Aquí nos preguntamos cómo podemos reaccionar ante esta situación.

La alegría

No siempre los encuentros deben ser tan tristes como lo representa Raphael en su canción. A veces ellos pueden traernos una profunda alegría, bien sea porque esa relación que alguna vez sostuvimos con esa pareja no terminó mal o porque simplemente el perdón ya ha hecho de las suyas y en donde hubo rencor ahora hay agradecimiento.

Es una alegría que igual tendremos que saber manejar no sólo para que no nos descontrole, sino para apreciarla en toda su extensión. Ella viene acompañada con un peligro: puede hacernos pensar que el pasado fue mejor, la época de oro, y ella merece ser redimida. Es el peligro de toda tentación pero ante el cuál debemos ser lucidos. No todo presente de un pasado que empuja es bueno.

¿Vale el rencor?

La otra respuesta que suele venir en el reencuentro de pareja es el rencor. De hecho, es la más común y parece ser inevitable. ¿Por qué? Porque es muy difícil ponerle un término, un cierre, un final a esa historia que nos costó tantos trasnochos y malos ratos.

Cuando el rencor gana, el reencuentro de pareja pierde. Y también nosotras: el reencuentro es como tener uno de esos seguros en linea que contratamos para nuestro carro. Cuando vivimos un reencuentro con respeto, recordando más lo bueno que lo malo, sabemos que hemos crecido. Podemos avanzar a gusto.

Todo reencuentro de pareja nos protege de la memoria

Pese a los nervios que podemos tener, los reencuentros -sean inesperados o no- deben causarnos una alegría: protegernos de una memoria que no deja de carcomernos internamente (y a veces con una frecuencia que no imaginábamos) por lo que pudimos o no haber hecho. Por lo que se quedó sin hacer.

Por eso, el reencuentro es traer al presente, al frente de nosotros, eso que se ha convertido en pura fantasía y hasta en pesadilla. Es saber que podemos confrontar nuestro pasado porque la vida no está permitiendo una oportunidad para reencontrarnos con él.

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