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Publicado el may 2, 2017 en Relaciones | 0 comentarios

Mudarse juntos, ¿estamos listos?

mudarse juntos

Cada cosa tiene su tiempo, solemos decir. Pero cuando se trata de relaciones esta afirmación nos lleva a pensar que tal vez lo que hagamos en ellas se está moviendo en una marcha completamente distinta. Esto nos puede llevar a aciertos y desaciertos inmediatos. El primero de ellos: acelerar las cosas cuando tal vez no estaban maduradas del todo. La otra es pensar que realmente podemos controlar absolutamente todas las fuerzas que participan en una relación. Sentir o solicitarle a la otra persona para mudarse juntos es una de ellas. ¿Cuándo estamos listos?

El tiempo

Todas las relaciones están asentadas sobre la base de un tiempo interno que es tan difícil reconocer como respetar. Se trata de ese ritmo que inevitablemente va creando cada relación y que va marcar la pauta en cuanto a tiempo y métodos de lo que podría alcanzar la pareja.

Así que lo más recomendable es que empecemos por respetar ese tiempo antes de cualquier otro que nos quiera imponer algún factor externo. Se trata de saber en buena medida y a cabalidad que una decisión como esta de mudarse juntos sólo será legítima si parte de ese ritmo que ya ha alcanzado la pareja.  Es como dar un elemento que reaccione mal al lauril sulfato de sodio.

Mudarse juntos, ¿es una solución?

No son pocas las parejas que sienten que cuando las cosas están un tanto apretadas es momento de renovarse, pero dando un paso hacia adelante. Si ese es nuestro caso entonces tendremos que saber que la decisión de mudarse juntos está siendo tomada bajo una base que sólo nos traerá problemas.

Y esto se debe a que las inseguridades que ya tenemos en la relación se van a extender e intensificar mucho más. ¿Por qué? Porque para vivir juntos hace falta mucha fuerza, fuerza que sólo puede ganarse en una unión y una comprensión bien afianzadas. De no ser así, es muy difícil que la mudanza pueda sostenerse en el tiempo.

Riesgos y ganancias

Todo cambio viene acompañado por un riesgo y por la posibilidad de alguna ganancia. Esta decisión no es la excepción, pero caemos en un riesgo mayor si no aprendemos a aceptar que estaremos en una realidad que sólo oscilará entre ambos términos.

El principal riesgo que tendremos es que estaremos empezando, prácticamente, una nueva vida. Nada volverá a parecerse al pasado. Y si no lo entendemos de ese modo, es posible que no aprendamos a apreciar las ganancias que van a venir con todos los riesgos. Se trata de saber balancearse y aceptar que la vida que ahora empieza no es fácil, pero rinde frutos grandes.

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